viernes, 18 de mayo de 2018

POÉTICA PARA ACOSADORES: NUEVE CUENTOS DE VIOLENCIA, LOCURA Y SOLEDAD - STANLEY ELKIN


Hoy sale a la venta (también en ebook) POÉTICA PARA ACOSADORES: NUEVE CUENTOS DE VIOLENCIA, LOCURA Y SOLEDAD, de Stanley Elkin, con traducción de David Paradela López y diseño de cubierta de Mikel Jaso.

Puedes leer el prólogo del autor, aquí:
http://editorialcontra.com/producto/poetica-para-acosadores/

Los nueve cuentos que componen esta colección, publicada originalmente en 1965, dieron a conocer a una de las voces más exuberantes y radicales de la prosa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, que apenas se había traducido a nuestro idioma.
A pesar de que, como el propio autor reconoce en el prólogo de esta edición, los relatos pueden adscribirse al realismo, por su imaginación desbordante, la fastuosidad de sus frases que se despliegan como ramas abarrotadas de frutos fantásticos y un léxico salpicado de modismos, términos en yiddish y del argot se acercan a experiencias más próximas a la modernidad literaria. El estilo de Stanley Elkin y su particular humor negro, las más de las veces podrían ser una mezcla imposible entre Faulkner, Henry Miller y Franz Kafka.
Todos sus personajes al borde de un precipicio imaginario, impulsados por una misión rayana en la locura, sometidos a un punto de inflexión en sus vidas que probablemente acabará por destruirlos son el trasunto de una lóbrega mirada sobre la sociedad norteamericana, teñida de desencanto, aunque férreamente moral.
Al final, triunfa el humor, que parece el único antídoto posible ante la abyección y la miseria, si bien no es un humor tranquilizador y narcótico, sino una manera de revelar el absurdo de la construcción social y moral de nuestro mundo y de nuestros fatuos ideales y anhelos.

miércoles, 7 de marzo de 2018

PRÓXIMAMENTE


Lincoln en el Bardo
George Saunders
Editorial: Seix Barral
Temática:

Colección: Biblioteca Formentor
Número de páginas: 440
Man Booker Prize 2017.
Una emotiva historia de fantasmas sobre la pérdida, el dolor y la familia.

Sinopsis de Lincoln en el Bardo:
Febrero de 1862. En medio de la sangrienta guerra civil que divide al país en dos, el hijo de doce años del presidente Lincoln está gravemente enfermo. En cuestión de pocos días, el pequeño Willie muere y su cuerpo es trasladado hasta un cementerio en Georgetown. Los periódicos de la época recogen a un Lincoln deshecho por la pena que visita la tumba en varias ocasiones para guardar el cuerpo de su hijo.
A partir de este hecho histórico, Saunders despliega una historia inolvidable sobre el amor y la pérdida que se adentra en el territorio de lo sobrenatural, allí donde tiene cabida desde lo terrorífico hasta lo hilarante. Willie Lincoln se halla en un estado intermedio entre la vida y la muerte, el llamado Bardo según la tradición tibetana. En este limbo, donde los fantasmas se reúnen para compadecerse y reírse de lo que dejaron atrás, una lucha de dimensiones titánicas surge de lo más profundo del alma del pequeño Willie.


sábado, 3 de marzo de 2018

"DEL FONDO" EN CASA

DEL FONDO llega con la niebla.
Pasar tres, cuatro páginas al tun tun, sentir un estremecimiento y exclamar: Joder, qué preciosidad, qué cosa más bonita.
Mi enhorabuena a Vicente Muñoz Álvarez, a Andrés Casciani y a todo el equipo de Vinalia Trippers por una edición impecable. Estáis a otro nivel.


viernes, 23 de febrero de 2018

PRÓXIMAMENTE

HARRY CREWS vuelve a DIRTY WORKS con su novela más disparatada.
Iniciamos la PREVENTA de COCHE, Dirty nº12.

«Herman es el hijo de Easy Mack, el propietario del mayor cementerio de coches de Jacksonville, Florida. La vida transcurre sin mayores aspavientos entre la chatarra y los efluvios fétidos del río Saint John. Su hermano, Mister, desguaza y sueña con Cadillacs. Su hermana Junell está
 a cargo de la grúa, Big Mama, y se desvive por ser la primera en llegar a los accidentes y llevarse la mejor pieza. Pero hay un problema: Herman no encaja. Nunca lo ha hecho. Parece hijo de otro. No termina de enraizar. Les ha salido un poco rana. Es un soñador y tiene ideas. Ideas muy locas que, además, no duda en llevar a cabo. La última tiene que ver con un Maverick del 71. Un Ford seis cilindros con palanca de cambios convencional «y sin opciones», tal y como ha salido anunciado en el Times-Union de Florida. Herman se lo va a comer. Pieza a pieza.»

Preventa AQUÍ: http://www.dirtyworkseditorial.com/tienda/libro-coche

lunes, 20 de noviembre de 2017

RECIÉN LLEGADO A CASA POR CORTESÍA DE VALLE CAMACHO - LA NOVIA FRANCESA DE HO CHI MINH de ÓSCAR SIPÁN


RECIÉN LLEGADO A CASA POR CORTESÍA DE EMILIO LOSADA - VENTAJAS DE ESTAR EN LA RUINA


GARDENJUNKIES - GSÚS BONILLA

ALGUNAS CONSIDERACIONES

Aunque, a decir verdad, la inmediatez fue la característica principal en el cuaderno de notas que se fue generando desde, y entre, mediados de septiembre de 2016 y la primera semana de julio de 2017, bajo la tiranía del like en la red social Facebook, con el nombre de VIVEROS Y JARDINES… Y JUNKIES, habría de ser justo conmigo mismo para poder serlo con los demás y apuntar aquí algunas consideraciones que han sido indispensables para conformar la estructura del libro que ahora tienes en tus manos, lector. En los tiempos que corren nada es espontaneo y nada se deja al azar, aunque pueda parecer lo contrario

Parecería oportuno, que el grosso de este libro: Cuaderno de notas y Junkies, tuviese un frontispicio, un algo con el que dar comienzo a una historia, o bien, un cómo he llegado hasta aquí. De manera que, obviamente, era necesario empezar por un principio e idear un planteamiento que conectara con el nudo y desenlace de este híbrido alejado, muy alejado, del cuento: Garden, el primer apartado del libro. Se trata de un solo poema, fragmentado, y pensado en prosa, el cual abre y da inicio a un ejercicio de escritura que dio comienzo en el mes de febrero del año 2013, el cual, también, di por finalizado a últimos de septiembre de 2016. Esto es, más de tres años y medio, en los que, mes a mes, y por diferentes trámites, tuve que personarme en una Oficina de Empleo. Esto es, desde la traumática finalización del último empleo remunerado que tuve hasta el siguiente, es decir, el primer contrato laboral, más de tres años después, con la Agencia de Empleo del Ayuntamiento de Madrid. Quisiera también, hacer mención al texto de cierre a este apartado: La transición 2.0, concebido en este mismo espacio temporal, y que en este intervalo fue publicado por Ediciones Liliputienses, recogido en el cuaderno de poemas VIGA (enero 2016).

Sobre el apartado Cuaderno de notas poco o nada más que añadir, que lo que ya de por sí en él aparece. Lo escrito, escrito está. Aunque me gustaría referir su fragmentación, la manera en que están establecidos sus capítulos, basados igualmente en la obviedad del espacio-tiempo, sin embargo, dividido todo él según el Calendario Revolucionario o Republicano Francés (octubre de 1793 hasta septiembre de 1805), donde el año empezaba a las 12 de la noche del día que se producía el equinoccio de otoño, el cual el poeta Fabre d’Eglantiene puso toque literario al nombre de los meses. A saber: 1, Vendemiaire (el mes de la vendimia; recordemos que empiezan el año en nuestro septiembre); 2, Brumaire (el mes de las brumas); 3, Frimaire (el de la escarcha); 4. Nivose (el de la nieve); 5, Pluviose (lluvioso); 6, Ventose (ventoso); 7, Germinal (brotar); 8, Floreal (adornar, florecer); 9 Prairial (el de las praderas); 10 Messidor (el de las mieses); 11, Thermidor (el del calor); 12, Fructidor (el de los frutos). Los días de la semana, obviados en el cuaderno de notas puesto que se dividían en décadas (semanas de diez días), eran: Primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y decadi. Aunque en este libro, la nomenclatura aparece castellanizada. La curiosidad del asunto me pareció original y una manera distinta de fraccionar un diario. Nada más. Por otro lado, el tercer apartado: Junkies, llevando el mismo proceso temporal de escritura lleva incorporado un fraccionado más personalista, referido a las personas que me acompañaron a lo largo de todos estos meses, he hicieron que mis pies sintieran de nuevo la dureza del suelo, que comprendiera que la realidad podía confundirse con la ficción en el momento en el que vivimos y que nos tocó en suerte. Algo más que justo es dedicarles a todos ellos este libro.

Además, el cuaderno de notas va acompañado, de un glosario fuera de contexto, el cual cierra cada capítulo del mismo. Organizado alfabéticamente, descontextualizado decía, si lo que en él traté fue descifrar, y de paso adjetivar, algunos aspectos del covénticulo literario contemporáneo en el que habito. Si bien, y al margen de mi diversión, mejor hubiera estado el haberlo dejado en su estadio concreto, tal y como otros, expertos en todo caso, habían concebido muchos de estos conceptos y términos que aquí recojo. Aunque, prácticamente en su totalidad, el significado es el que es. De cualquier modo, y en todo caso, se trata de palabras. Palabras que me acompañaron y quise asimilar durante el transcurso de este diario y que fui recogiendo por boca de otros, en los talleres y charlas que presencié, y en mis propias lecturas, en torno al mundo vegetal. Acaso me sirvieron para la curiosidad y el aprendizaje, y, por qué no, de mero entretenimiento.

Me hubiera gustado escribir sobre el amor, la felicidad y todas esas cosas de las que tratan los libros magníficos, de historias importantes; pero este es un libro de mierda, de un jardinero de mierda. En él cada mierda tiene su historia y cada historia su mierda. La mierda a pocos importa, solo a cerdos y moscas. Es decir, a los impertinentes y a los que hozan en ella. Tampoco es un libro de crítica, o denuncia. Se trata, en todo caso, de un libro que documenta una situación concreta en un tiempo determinado. Prosa, poesía, anotaciones diarias... la impronta textual de una experiencia vital propia, como vómito literario. Esto es lo que yo creo que es GardenJunkies, aunque quizá esté equivocado.

El autor


Valle del Kas. Septiembre de 2017. Un año después de casi todo.

Gsús Bonilla. GardenJunkies (Tigres de papel, 2017).

http://www.tigresdepapel.es/producto/gardenjunkies/

https://www.facebook.com/events/150176115600650

miércoles, 8 de noviembre de 2017

FURTIVOS - TOM FRANKLIN

DIRTY WORKS se complace en presentarles el primer libro de relatos de TOM FRANKLIN, FURTIVOS, un viaje a los condados boscosos que se extienden entre los ríos Alabama y Tombigbee, la zona baja de Alabama, frondosa, verde y llena de muerte.

«Con esta colección de maridos lamentables, colegas inútiles y matrimonios desgastados, es como si el autor hubiese secuestrado a los personajes de RAYMOND CARVER y los hubiese dejado a su suerte en el Sur Profundo.»
NEW YORK TIMES BOOK REVIEW

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 7

En la sala aguardan otras cuatro personas. No hay aire acondicionado y el bochorno es insoportable. Compruebo la hora en mi reloj y observo cómo gira el segundero. Sé que va sincronizado con el del despertador que está en mi dormitorio. Eso me hace sentir bien. En cierto modo, es como estar allí, mirando el paso del tiempo desde la cama. Me gusta esa sensación. Alguien grita mi nombre por el altavoz y anuncia que se requiere mi presencia en la oficina número cinco. El despacho está al fondo del pasillo. Llamo a la puerta y entro. Un fulano que tiene cara de saberle todo amargo me invita a sentarme. Confirma mi identidad repasando los datos en el ordenador. Luego añade que tiene un trabajo para mí.
-Es en la fábrica de embotellado que está en el polígono de Agoncillo. El turno es de seis de la mañana a dos de la tarde. ¿Te interesa?
Claro que me interesa, capullo. Llevo días alimentándome de lo que siso en los supermercados. Cogería cualquier trabajo por cutre que sea.
-Bien. Pues, el próximo lunes, a las cinco y media de la madrugada tienes que presentarte en la calle Vara del Rey, junto al pasaje del estanco. Allí te recogerá un autobús que te llevará a las instalaciones.
Hecho el papeleo, salgo de la agencia. Pasaré quince días a prueba y si les gusta cómo lo hago me harán un contrato de tres meses. Lo suficiente para pagar deudas y ahorrar algo. Joder, me muero de hambre. Debería acercarme a ver a mi madre. Con la excusa de mi nuevo trabajo podría hacer las paces con ella y comer algo decente.
Tarda en contestar pero al final lo hace. Le digo quién soy. Se produce un incómodo silencio. Se nota que sigue enfadada. Finalmente abre.
Está en su mecedora viendo la televisión. No me mira. Tomo asiento en el sofá.
-¿Dicen algo interesante en las noticias?
-Las mismas barbaridades de siempre.
Durante un par de minutos guardamos silencio y fingimos atender a las palabras de la presentadora.
-El lunes empiezo a trabajar en una fábrica de refrescos.
Me mira por primera vez.
-Me alegra saberlo.
Continuamos atentos al noticiario. Al rato, hace la pregunta que estaba esperando.
-¿Tienes hambre?
Me comería una ballena entera, pero el orgullo me obliga a mentir.
-No mucha.
-¿Has comido?
-Lo haré cuando llegue a casa.
-¿Estás seguro?
-Sí.
-Mira que no me cuesta nada prepararte unos huevos fritos con tocino y jamón.
Joder, mataría por un plato así.
-No, déjalo.
-Tú te lo pierdes.
Pensaba que iba a seguir insistiendo. Busco su mirada para insinuarle con la mía que no deje el regateo. Pero está centrada en el noticiario. Definitivamente, se ha olvidado del ofrecimiento. He perdido mi oportunidad. Le digo que me voy. Me acompaña hasta la puerta y nos despedimos con un beso. Según bajo las escaleras, en cada planta, me van llegando los aromas de los distintos guisos. Mis tripas gorjean blasfemias y claman al cielo por mi estupidez. 

martes, 31 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 6

Nada más abrir la puerta, quedo envuelto en una compacta niebla de partículas de escayola. En el piso de enfrente, los obreros están lijando el yeso que cubre las paredes. La maquinaria eléctrica que utilizan es de una estridencia insufrible. La polvareda que levantan es comparable a una tormenta de arena. Corro escaleras abajo aguantando la respiración hasta que salgo a la calle.
Desde que empezaron las reformas en el piso de al lado, es decir, hace tres días, me paso las horas deambulando por las calles. En casa no se puede estar. El ruido que hacen es insoportable. Estoy obligado a vagar de aquí para allá como un sin techo que no tiene dónde ir. Haciendo tiempo para que los obreros terminen su jornada.
Después de mucho andar encuentro una plazoleta rodeada de jardines. Parece un buen sitio. Me siento en uno de los bancos. Aquí el silencio es casi absoluto. Algunas hojas secas son desplazadas por la brisa. Al arrastrarse por el suelo emiten un suave carraspeo. Los pájaros cantan en los árboles. Se distingue el rumor de una fuente y el zumbido ocasional de alguna mosca. Todos estos sonidos armonizan perfectamente con el silencio del entorno. Es más, lo acentúan y complementan. Dos mariposas vuelan en un duelo de espirales. Las sigo con la mirada hasta que desaparecen por encima de los tejados. Al fondo, un grupo de gorriones se enzarzan en una acalorada disputa por un trozo de pan que termina llevándose una paloma. La ley del más fuerte. Justo en ese momento una ráfaga de viento impulsa una lata vacía, haciéndola rodar por todo el recinto. Finalmente se detiene junto al bordillo de uno de los jardines. Es un privilegio poder gozar de este sosiego. Después de estar soportando el escándalo de las obras, esta quietud me parece un regalo. Siento el sol sobre mi cabeza, adormeciéndome. Me recuesto en el banco y dejo que, poco a poco, se vayan cerrando los ojos…
Me despierto sobresaltado. Por lo visto, alguien ha explotado un petardo a mis pies. Huelo la pólvora quemada y distingo la quemadura que ha dejado la detonación en la madera del banco. Los culpables: tres chavales que, entre risas, corren calle abajo. Noto el corazón golpeándome el pecho y un pitido agudo en los tímpanos. Aún quedan varias horas hasta que pueda volver a casa. Desde esta mañana no he comido nada. Me dirijo a mi súper favorito. Al entrar hago lo que todos los días, es decir, cojo una cesta y recorro los pasillos. Mi intención es hacerme con ciertos alimentos que pueda devorar en los ángulos muertos, donde estoy libre de las miradas de las cámaras de seguridad. Pero hoy, el encargado de la tienda me sigue allá donde voy. Por mucho que lo intento no consigo quitármelo de encima. Vaya donde vaya ahí está él. Me rindo. Dejo la cesta y salgo de la tienda con un lamento en las tripas. Así no puedo seguir. Tengo encontrar un trabajo.

domingo, 29 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 5

Portada de PEDRO ESPINOSA

Detrás de los párpados sueños que no acertaría a explicar. De golpe: una radial. Al punto: un taladro. Abro los ojos. Son las nueve y diez de la mañana. El ruido retumba por la habitación haciendo vibrar las paredes.
A través de la mirilla veo que en el piso de al lado han empezado a hacer obras. Del interior sale una nube de polvo acompañada del ruido demencial de las máquinas. Por las escaleras suben dos obreros cargando sacos de arena y cemento. Lo meten dentro de la vivienda y bajan a por más. Da la impresión de que las obras van para largo. Hasta ahora los únicos pisos habitados eran el mío y el de abajo. Según parece, alguien se va a mudar al de enfrente. Regreso al dormitorio para vestirme. El segundero del despertador sigue sincronizado con el de mi reloj de muñeca. Me gusta que sea así. Tengo hambre. Nico maúlla al otro lado de la puerta. Él también tiene hambre. La situación no puede ser peor. Debería hacer caso a mi madre y encontrar un trabajo. Algo temporal que me haga salir de esta ruina. Aquí no se puede estar por culpa del ruido. Me preparo para salir. Antes rebusco por la casa hasta que consigo juntar unas pocas monedas, las justas para un café.
En la cafetería pido un cortado. La camarera se gira hacia la cafetera y aprovecho para darle un repaso con la mirada. Tiene un culo perfecto. Además, sus vaqueros de cintura baja dejan a la vista la goma roja del tanga. El abuelo que está a mi lado se ha quedado con la jugada.
-Si yo tuviera tus años, ten por seguro que al final del día esa preciosidad estaría entre mis brazos.
Le creo. A pesar de su edad, conserva un brillo juvenil en la mirada. La camarera me trae el café. El anciano se dirige a ella y adoptando una pose de galán de la vieja escuela le pregunta:
-Guapa ¿qué tengo que hacer para que te cases conmigo?
Ella se ruboriza. Antes de que pueda contestar, el vejete se anticipa y le dice:
-No respondas, ya pensaré en algo.
Dicho esto, deja un billete sobre la barra señalando su bebida y la mía. Sin esperar el cambio me guiña un ojo y se dirige a la salida. Antes de desaparecer me lanza tres palabras.
-A por ella.
La camarera, aún ruborizada, se aparta para meter el dinero en la caja registradora. Quiero seguir el consejo del abuelo, pero hay algo en el ambiente que me dice que no me moleste. Quizás sea el polvo que se acumula encima de las botellas o la luz grasienta del sol, puede que la voz del ciego que grita desde la esquina: últimos números para hoy.

viernes, 27 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 4

Llaman al timbre.
-Hijo, abre, que soy yo.
Mi madre es la última persona a la que quiero ver. Le abro la puerta. Carga con cuatro bolsas llenas de comida que trae para mí.
-Ya estás fumando esa basura.
-Mamá, no empecemos que no estoy de humor.
Le cojo las bolsas y las dejo en la cocina.
-          Te llamé para felicitarte por tu cumpleaños, pero tenías el móvil apagado.
En realidad lo tengo sin saldo.
-Traigo la boca seca ¿Dónde tienes los vasos?
Le señalo una de las puertas del armario. La abre y coge uno de los vasos. Antes de llenarlo se da cuenta de que tiene una mancha.
-Está sucio.
-Pues coge otro.
-¿Dónde guardas el detergente?
-Mamá, no lo friegues. Coge otro.
-No me importa, de verdad. Dime dónde está el detergente.
-Te digo que cojas otro vaso, joder.
Al final, bebe agua con el que tiene en la mano. Pasamos al salón. Mi madre obliga a Nico a bajarse del sofá. Luego saca un pañuelo, lo extiende en el cojín y se sienta sobre él.
-Con ese humo no puedo respirar. Haz el favor de abrir las ventanas.
Las abro.
-Seguro que eso que fumas lo has pagado con el dinero que yo te presto y que nunca me devuelves.
Me jode que haga mención a los préstamos.
-No sé cómo puedes vivir así.
-Mamá, no estoy de humor.
-Te pareces a tu padre. Él tampoco sabía ser feliz.
Me mantengo callado y fumo echando el humo por la ventana. En la calle, un coche que está aparcado en doble fila impide el paso a un camión de reparto. El camionero toca el claxon. Nadie acude. Los coches se van amontonando a lo largo de la calzada. Una sinfonía de bocinas se une a la del camión. Es una locura. Me fijo en los conductores. Se reconcomen en sus asientos agarrando con fuerza el volante. Al cabo de unos minutos, aparece el dueño del coche que está aparcado en doble fila. Se puede ver en la cara de los conductores el odio que le guardan. Al fin, el tráfico se restablece y vuelve la tranquilidad. La voz de mi madre me trae de vuelta a la habitación.
-Deberías buscarte un trabajo.
-No lo necesito.
-¿Y de qué piensas vivir? ¿De mis préstamos?
Voy a la cocina, cojo las bolsas de comida que ha traído, las llevo al salón y las arrojo por la ventana. Mi madre se queda muda. No puede creerse lo que acabo de hacer. Se levanta, guarda cuidadosamente el pañuelo en el bolso y abandona la vivienda sin decir palabra. Desde mi posición la veo salir del portal. Se detiene a recoger la comida que he tirado. Varios paquetes han reventado y su contenido está esparcido por la acera. Algunos viandantes la miran al pasar. Ella no les presta atención. Se limita a seleccionar lo salvable y el resto lo echa en un contenedor de basura. Después cruza la carretera y desaparece al doblar la esquina. Sobre la acera queda una mixtura de leche, yemas de huevo y yogur. Un cuadro abstracto que cada uno interpreta a su manera.

DEL FONDO - VICENTE MIÑOZ ÁLVAREZ & ANDRÉS CASCIANI

El túnel del horror que describe “Del fondo” no es el túnel de la bruja de un parque de atracciones con sus trampantojos ingenuos, charadas sangrientas y sustos de salón. Es un pasadizo involutivo y mutante que conduce interminable, como una pegajosa cinta de Moebius secretada por el putrefacto ano del universo, a los misterios más oscuros de la creación, a lo que se esconde tras la fachada temblorosa y llena de grietas de eso que llamamos ingenuamente realidad. Con Vicente y su doliente pueblo elegido, viajan también monstruosidades orgánicas vivas o no-muertas, criaturas de pesadilla surgidas de la coyunda bestial entre El Bosco y Lovecraft, Brueghel y Giger, Goya y Charles Burns, gloriosamente retratadas por las no menos visionarias y alucinadas ilustraciones de Andrés Casciani.
Jesús Palacios

DEL FONDO
Vicente Muñoz Álvarez & Andrés Casciani 
Prólogo por Jesús Palacios
Epílogo por Pablo Malmierca
Producciones Vinalia Trippers


jueves, 26 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 3

A última hora de la tarde he comprado un despertador de doble campana. Voy a normalizar mi horario. Madrugar. A ver si de esta forma consigo escribir con cierta regularidad. Al llegar a casa, me he dado cuenta de que, tanto las agujas como el segundero del despertador, coinciden exactamente con el de mi reloj de muñeca. Es una buena señal. Si quiero madrugar es mejor que me acueste pronto. Pongo el despertador a las ocho en punto. Mientras llega el sueño, trato de hacerme una idea global de la narración. De golpe, la imaginación se dispara. De la nada surgen multitud de imágenes, situaciones, diálogos y dramas. Me emociono con el flujo de ideas mientras los capítulos se amontonan en la cabeza. Cuando quiero darme cuenta, son las tres de la madrugada.
A las ocho suena el despertador. Apenas he pegado ojo. Salir de la cama me cuesta un tremendo esfuerzo. Estoy atontado y me duele la cabeza.
Después de desayunar, tomo asiento frente al ordenador. Me pregunto a dónde han ido a parar todas esas ideas que anoche se amontonaban en mi cabeza. Ahora mismo, ninguna de ellas se presta a ser escrita. Se me cierran los parpados. Joder, tengo el cerebro embotado y me muero de sueño. Me fijo en la pared que tengo enfrente. Sobre todo en las manchas de nicotina y humedad. Según repaso los contornos, estos se adaptan a mis pupilas y termino reconociendo en ellos siluetas de animales. Empiezo a teclear:
Esta casa se degrada día a día. Es un piso viejo, destartalado, que un amigo me prestó para que viviese en él hasta que encontrase algo mejor. De eso hace dos años…
Me atasco. Ha sido un breve arrebato que no compensa el madrugón. Me acerco a la ventana. En la calle, el ajetreo de la mañana. Es una escena que siempre me deprime. Hay algo en las primeras horas de un día laborable que las hace inherentes al desánimo. Vuelvo a tomar asiento frente al ordenador. Quiero seguir con lo escrito pero soy incapaz de añadir una palabra. Miro la hora: las nueve y trece. Me pregunto si los segunderos siguen coincidiendo. Para comprobarlo entro en el dormitorio. Coinciden. Me dejo caer en la cama y me arropo con la colcha. Es una buena señal, me digo.

GEORGE SAUNDERS - LIBROS DE RELATOS



CRUCES
George Saunders (Estados Unidos, 1958)

Todos los años, después de la cena de Acción de Gracias, mi padre sacaba el disfraz de Santa Claus y lo arrastraba hasta una suerte de cruz metálica que había levantado en el jardín. Nosotros formábamos una piña detrás de él y le seguíamos hasta que colocaba allí el disfraz. Durante la semana previa a la Super Bowl, la cruz lucía un jersey y el casco de Rod, y si este quería coger el casco, primero tenía que pedirle permiso a mi padre. El cuatro de julio, la cruz se convertía en el Tío Sam; el Día de los Veteranos, era un soldado; y en Halloween, un fantasma. Aquella cruz era la única concesión de mi padre a las fiestas. Por lo demás, no nos permitía sacar de la caja más de un lápiz de cera a la vez; una Nochebuena le gritó a Kimmie por desperdiciar un trozo de manzana; cada vez que nos poníamos kétchup, lo teníamos a él encima diciendo «Vale, vale, ya basta»; y en las fiestas de cumpleaños había magdalenas en lugar de helado. La primera vez que llevé allí a una cita, la chica me preguntó: ¿Qué es lo que pasa con tu padre y ese poste?, y lo único que pude hacer fue quedarme sentado pestañeando tontamente.
Con el tiempo, Kimmie, Rod y yo nos marchamos, nos casamos, tuvimos hijos y vimos florecer también en nosotros una semilla de mezquindad. Mientras tanto, mi padre empezó a vestir la cruz de forma cada vez más compleja y siguiendo una lógica apenas perceptible. El Día de la Marmota le puso una especie de abrigo de piel y colocó un foco para asegurar la sombra. Después de un terremoto que sacudió Chile, la tumbó y pintó una grieta en el suelo con un aerosol. Cuando mi madre murió, disfrazó a la cruz de Muerte y colgó del travesaño fotos de ella cuando era un bebé. Siempre que pasábamos por allí, encontrábamos amuletos extraños de su juventud dispuestos en torno a la base del poste: medallas del ejército, entradas de teatro, sudaderas viejas o tubos de maquillaje de mi madre.
Un otoño pintó la cruz de amarillo, la cubrió de algodón para proporcionarle abrigo ese invierno y le aseguró descendencia cruzando seis palos de madera y clavándolos a martillazos en diversos puntos del jardín. Tendió cuerdas entre la cruz grande y las tres pequeñas y pegó en ellas, utilizando cinta adhesiva, fichas de archivo en las que pedía disculpas, admitía errores y rogaba comprensión, todo con una caligrafía frenética. Colgó de la cruz metálica un rótulo en el que había escrito AMOR, hizo otro en el que escribió ¿ME PERDONAS?, y murió en el vestíbulo con la radio encendida. Poco después le vendimos la casa a una pareja joven que arrancó todo aquello y lo dejó en la calle el día de recogida de basura.

miércoles, 25 de octubre de 2017

SE RUEGA SILENCIO - CAPÍTULO 2

Esta casa se degrada día a día. Es un piso viejo, destartalado, que un amigo me prestó para que viviese en él hasta que encontrase algo mejor. De eso hace dos años. La vivienda está ubicada en el segundo piso del edificio nº1 de la calle Oviedo, cerca de la estación de autobuses. Un inmueble de tres plantas que comparto con un matrimonio que vive en el primero. El resto de los pisos están vacíos. El que habito no tiene agua caliente ni calefacción. Carece de ducha y de cualquiera de las comodidades que posee una casa normal. No me quejo, no pago alquiler. Tampoco gasto en electricidad, ya que al ser una casa antigua, el contador está dentro de la vivienda y lo tengo trucado.
Me vine aquí con el propósito de escribir una novela. Iluso de mí. Aparte de unos vanos intentos, lo único que he hecho en todo este tiempo es vaguear y colocarme. Miro a mi alrededor y me deprimo. Con el sol dando de lleno en las paredes quedan en evidencia las grietas, los desconchones, las manchas de nicotina y las huellas secas de humedad. La podredumbre se clava en las pupilas. Me asomo a la ventana. La tarde luce bonita. De nada sirve encerrarme si las palabras no acuden. Por otro lado, sé que lo que busco solo lo voy a encontrar dentro de mí, muy dentro, en las profundidades de mi ser. Llegar tan hondo, tan abajo, requiere esfuerzo. Para ello necesito arañar, escarbar, hurgar. Meter la mano y arrancar los sentimientos como si fueran las vísceras de un pescado. Ahora mismo estoy harto de mirarme las tripas y ver solamente el color de la hiel. Es triste pasar las horas, los días, los meses, incluso años, delante de un papel en blanco. Desperdiciando una vida entera en ello.


LIBROS CON SOBRESALIENTE